jueves, 17 de mayo de 2012

Cuando la basura se hace tu amiga y hasta le pones un nombre.

Hecho 1: Llega mi madre del trabajo y mientras se prepara su, probablemente, quinto café del día me cuenta una historia, que sabe dios donde escucho, sobre un hombre que iba a visitar a un sabio o un budista y cuando llega a donde vive se percata de que no hay muebles ni cosas solo lo necesario, una cama, una mesa y una silla y le pregunta: ¿donde están tus muebles?, a lo que el sabio o budista contesta: ¿y los tuyos? El hombre intenta explicarle que él está de paso, que a cómo va a llevarse sus muebles por ahí. El sabio/budista contesta, por eso no tengo muebles, yo también estoy de paso.

Hecho 2: Los planetas se alinean y me siento en el escritorio, dispuesta a ser una persona muy responsable, a estudiar y a mi alrededor solo hay cosas, y cuando digo cosas me refiero a folios, tickets, cajas, horquillas, gomas del pelo, libretillos de publicidad -quien sabe porque los cojo si ni los leo y luego ocupan espacio, apuntes que ya pasé a limpio, la tarrina de un helado de hace como dos veranos -limpia, por lo menos-, cds -hecho completamente paranormal porque no uso- y botellas -de varios tamaños, aunque sobre todo de 50cl. sospechosamente parecidas a las que venden en la  máquina expendedora de mi facultad-. Bueno hay más cosas, pero no puedo humillarme más públicamente de lo desordenada que soy.

¿Cómo casan estos dos hechos? Simple: No me puedo concentrar en lo que estudio por culpa de la porquería de mi alrededor, lo que me hace pensar: "cuando sea viejecita probablemente tendré sindrome de diógenes", lo que me lleva a plantearme en vivir una vida sin cosas, lo que me recuerda la historia que mi madre me contó.
He de decir que mi madre, es una mujer que cree que los cajones son seres diabólicos que atraen la basura y por eso mi habitación solo tiene dos pequeñísimos que vinieron con un mueble que yo elegí -y que ella no adora, por culpa de los cajones- y una cajonera típica de plástico que compré en mi época de Santiago. Pero lo que si tengo son cajas e incluso algunas me da miedo abrirlas porque no sé que puede salir de ellas.

Recogí los apuntes -tremendamente apenada- y me dispuse a la tarea de hacer de mi habitación un lugar apacible donde vivir y un espacio limpio para estudiar. El problema fue cuando seguí dandole vueltas al tema del Diógenes -sé que no se debe frivolizar con según que temas pero cualquier persona que me conozca o haya estado en mi habitación sabe que no exagero- y me empecé a dar cuenta de que guardo cosas que nunca tendrán ninguna utilidad y que sin embargo me cuesta horrores tirar y que cuando me pongo seria y decido tirarlos me invento excusas para mi misma y los guardo en otro lugar.

Ejemplos de situaciones reales:
- Tickets: "sé que tengo que tiraros pero os puedo guardar y pegar en la agenda o incluso hacer una especie de Scrapbook donde hacer un collage y podré veros cuando tenga 40 años y recordar que compré ese libro en esa librería".
- Revistas: "ahora parecéis inutiles y aburridas porque os acabo de leer y claro, todo me suena, pero quizás alguno de vuestros artículos me sirva algún día que tenga una ets y quiera saber sobre eso, porque sé que en alguna de vosotras hay un artículo que lo explica genial".
- Muñequitos monos que dan de regalo con cosas: "mirad que caritas teneis, sois tan monos os voy a colocar encima de la estantería ahí no molestáis a nadie".
- Recortes de hace mil años: "seguro que si os tiro, en unos días querré hacer un mural y os echaré de menos".
ETC, ETC, ETC.


Finalmente, tiré casi todo lo que era inservible e, incluso, abrí la mitad de las cajas, lo que no tiré ese día fue al siguiente. Ojalá hubiese sido tan fácil como decirlo, cada ticket o cada muñeco me recordaban algo y cuanto mas antigua fuese la basura en si más doloroso y más me pensaba el tirarlo, hubo muchas lágrimas los dos días que me llevó dejar la habitación libre de cosas inservibles y muchos parones pensando en si realmente estaba preparada para tirar según que cosas, pero el resultado es entrar en mi habitación y sentir que hay menos drama en ella, menos recuerdos, menos pasado, quizás esperanzas de vivir más el presente y recibir mejor el futuro.


PD: En lo alto de mi armario hay dos cajas, en una están todos los diarios que he escrito desde que me regalaron el primero con 8 años y las agendas de clase que usé desde primero de bachillerato, en la otra está todas las cartas que recibí de amigos o en San Valentín. Eso es algo que jamás tiraré, pues si quiero tener 40 años y volver aquí algún día para leerlas y recordar muchos momentos que para entonces habré olvidado.

PD2: También hay dos sobres, en ellos guardo tickets, entradas, hasta una servilleta dibujada y una foto. Es lo más inservible y doloroso que guardo, del momento más feliz de toda mi vida, pero eso seguirá sobreviviendo a las próximas limpiezas a fondo que sufra esta habitación, porque si lo tiro, tiraré mi corazón con ello y eso si que no puedo soportarlo.

1 comentario:

  1. Jo, tú, jo! ya te vale! me encanta cada una de esas excusas y te imagino delante, aquí en la cama, diciéndomelo con esa cara que pones cuando cuentas las cosas, como de convencimiento, cómo me gusta esa cara. Has hecho muy bien con hacer eso, es difícil hacerlo, pero hay que liberarse de vez en cuando porque cuanto más peso más difícil, y a veces buscamos la identidad en el pasado o en nuestros sueños, y la verdadera identidad es lo que somos ahora mismo, y a mi me encanta lo que eres ahora mismo:)

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