martes, 7 de febrero de 2012

La historia del no destino

Érase una vez una niña que cría en el destino. Le habían contado que era un ser mágico que guiaba sus pasos y que tenía un libro muy gordo en el que estaban escritas las vidas de todas las personas.

La niña creía en él, aún sin entender quien había escrito la parte del libro que le afectaba a ella y por qué lo había hecho enfadado. Esa era la única razón que encontraba a que hubiese tantas cosas feas a su alrededor.

Pero, como todos los niños, creció y llegó a una estapa muy complicada en que conoció lo que era decidir, hasta entonces aquel trabajo lo habían hecho los mayores, pero ahora era una de ellos y las decisiones estaban por todas partes: cada vez que elegía un amigo, cada vez que compraba una pieza de ropa, cuando daba un paso había algo que elegir. El camino que tomar, el estilo que adoptar, los amigos que la acompañarían. Y la magia del destino se desvaneció.

Ese día aprendió que el destino no existía y que nadie había escrito enfadado su historia, simplemente la gente tomaba malas decisiones a su alrededor y la consecuencia era más lágrimas que risas y entonces conoció a la decepción, un sentimiento que desde entonces la acompaña de la mano.

Desde ese momento procuró tomar las mejores decisiones pensando en ella y en la medida de lo posible en los demás, pero aunque algunas fueron buenas y la llenaron de alegría, amor y amistad; otras se equivoca y las decisiones eran malas y la sumían en la más absoluta tristeza.

Lo que nunca entendió -ni lo hará- es por qué las malas decisiones de los demás le afectan más y hacen que su mundo sea oscuro y triste.

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