viernes, 17 de febrero de 2012

Quiero tejer un jersey

Estaba yo aburrida en casa, cuando, no se cómo, acabe en el canal Divinity. La verdad me quedé un poco sorprendida al ver que había un programa sobre el tradicional arte de tejer llamado Tricotosas.

La sorpresa no me la dio en sí el programa, si no al googlearlo y descubrir que resulta que ahora es "in" tejer, pero si lo llamas knitting porque queda más élite newyorkina, aunque más gracia me hizo ver fotos de celebritis dándole a las agujas, que a mi me parece estupendo que lo hagan es muy relajante, pero la mayoría de madres y abuelas de todos nosotros lo han hecho durante años, solo que lo llamaban calcetar o
ganchillar y no queda tan divino.

Aprendí a hacer ganchillo a los ocho años, no tengo un recuerdo emotivo que contaros sobre ello. Me imagino que mi madrina llegó con unas madejas y unas agujas -o mi madre tendría por casa-, y yo, que siempre me gustaron las labores y las manualidades en general, nos sentamos en el sofá y compartió su sabiduría conmigo. Puede incluso, en otra versión de la historia, yo le hubiese pedido que me enseñase. Debo decir que mi madrina es una mujer increíble que sabe hacer de todo, recuerdo llegar a su casa y ver el cojín con la labor de encaje de bolillos y decirme a mi misma "aprenderás ganchillo y muchas cosas más, pero esto no es para ti, no tienes tanta paciencia", además de eso ganchilla, calceta, pinta en tela unas cosas monísimas,...,

En realidad, nunca he tejido nada que sirva para algo. Muchas tiras de prueba de puntos, algún vestido para mis muñecas, formas como corazones o copos de nieve. Hace un año comencé mi manta republicana que se ha quedado en varios cuadrado repartidos por la habitación y que algún día terminaré.


Hace unas semanas empecé el libro El club de los viernes, que hace como meses que me quiero leer, pero como siempre tenía libros en casa sin leer no me decidía a comprar, y finalmente me lo prestaron. Trata sobre una mujer que tiene una tienda, donde vende artículos para tejer, pero con el tiempo se acaban juntando varias mujeres que van todos los viernes a tejer allí para que tanto ella como su ayudante las ayuden. Obviamente esto se mezcla con las historias de todas ellas -vamos que se mezcla el tejer con marujearle la vida a la gente, me gusta-.

Esta lectura, me ha llevado a la imperiosa necesidad de hacer un jersey. Sí, un jersey, a poder ser de ochos y como muy grande para que me caliente en las frías tardes de invierno. Lo mejor de todo esto es que me imagino con el puesto tomándome un café y leyendo un libro bien gordo. Pero claro, si soy incapaz de terminar una manta, que va toda con el mismo punto -más sencillo, imposible- ¿cómo voy a terminar un jersey? Pues, la verdad, no lo sé, pero por lo pronto pienso ir a robarle una carpeta de estas típicas coleccionables de labores que mi abuela tiene en su casa y suplicaré a mi madrina que me ayude y lo conseguiré. Es un buen propósito de año nuevo, tejer un jersey.

martes, 14 de febrero de 2012

Feliz San Valentín

En este día echo en falta el instituto, ya que en el mío una semana antes se colocaba un buzón para que fueses dejando las cartas de amor que se entregarían el 14 de Febrero. Recuerdo haber escrito cartas y cartas y pegarles corazones, fotos, hacerles dibujitos y expresar a mis amigos lo mucho que los quería, pues para mi el amor implica a mucha más gente que una pareja. A todos no hacía ilusión recibir aunque fuese una y aún guardo todas aquellas cartas de muchos San Valentines.

Ahora las cosas son distintas, pues no vas a poner un buzón en la Facultad -personalmente pienso que hubiese sido precioso-, pero eso no quita que el día no siga siendo especial y da igual que estes emparejado o no, tienes amigos a los que felicitar y te tienes a ti mismo para decirte que te quieres. Y es que quien no va a querer un día regido por el color rojo, las rosas, los corazones, los ositos de peluche, las piruletas típicas en forma de corazón y los bombones, es perfecto.

No entiendo porque la gente se pone tan contraria a este día, yo que se felicitaselo a tu madre, no me creo que no haya nadie a tu alrededor, felicitaselo a quien te venda el pan, por ejemplo.

Resumen de esta chapa: Felicitad el San Valentín que es gratis y hace sonreir y las sonrisas son buenas para la salud.

martes, 7 de febrero de 2012

La historia del no destino

Érase una vez una niña que cría en el destino. Le habían contado que era un ser mágico que guiaba sus pasos y que tenía un libro muy gordo en el que estaban escritas las vidas de todas las personas.

La niña creía en él, aún sin entender quien había escrito la parte del libro que le afectaba a ella y por qué lo había hecho enfadado. Esa era la única razón que encontraba a que hubiese tantas cosas feas a su alrededor.

Pero, como todos los niños, creció y llegó a una estapa muy complicada en que conoció lo que era decidir, hasta entonces aquel trabajo lo habían hecho los mayores, pero ahora era una de ellos y las decisiones estaban por todas partes: cada vez que elegía un amigo, cada vez que compraba una pieza de ropa, cuando daba un paso había algo que elegir. El camino que tomar, el estilo que adoptar, los amigos que la acompañarían. Y la magia del destino se desvaneció.

Ese día aprendió que el destino no existía y que nadie había escrito enfadado su historia, simplemente la gente tomaba malas decisiones a su alrededor y la consecuencia era más lágrimas que risas y entonces conoció a la decepción, un sentimiento que desde entonces la acompaña de la mano.

Desde ese momento procuró tomar las mejores decisiones pensando en ella y en la medida de lo posible en los demás, pero aunque algunas fueron buenas y la llenaron de alegría, amor y amistad; otras se equivoca y las decisiones eran malas y la sumían en la más absoluta tristeza.

Lo que nunca entendió -ni lo hará- es por qué las malas decisiones de los demás le afectan más y hacen que su mundo sea oscuro y triste.