domingo, 23 de mayo de 2010

Simplemente vivir


Garbateaba palabras sin sentido en una servilleta que había cogido en la misma mesa donde se sentó para dar una pausa a aquel paseo lleno de pensamientos. El boligrafo se lo pidió al mismo camarero que le pregunto sabía qué deseaba. "Buena pregunta" pensó, le hubiese gustado por fin soltar aquella sarta de pensamientos que deseaba que se cumpliesen tan rápido como el tiempo que ese camarero le trajese un capuccino. Comenzó a divagar y a sentirse culpable por hacerlo. ¿Cuántas veces no se había prometido que dejaría de ser tan voluble, tan sentimental? Claro que sabía lo que deseaba: Acabar la universidad si no con honores de manera notable, conseguir un trabajo por el que desease levantarse por las mañanas, saber encontrar amigos que merezcan la pena y disfrutar de un amor como nunca lo había echo donde las peleas, las reconciliaciones, el sexo, las conversaciones y cada momento a su lado mereciese la pena, en general y en particular, ser feliz en todos los sentidos de la palabra sabiendo apreciar los momentos amargos tanto como los alegres.

- Disculpe, si no sabe lo que quiere puedo volver en otro momento.

Lo vió, seguía allí de pié mientras ella pensaba y daba vueltas a todo aquello que no le dejaba descansar, todo lo que había volado por su mente en aquel paseo lleno de pensamientos, pero entonces lo miró y sus ojos se encontraron y un nuevo deseo creció en su interior.

- Si, deseo tu compañía y un capuccino por favor.

jueves, 6 de mayo de 2010

Recuerdos


Con los ojos cerrados rocé tu cara, tu cuello, tu pecho, tus brazos. Me pegué a ti, te abracé, te sentí. Cerré mis ojos más fuerte y aspiré tu olor, sujeté tus cabellos con dulzura, te atraje hacia mi y noté tu cuerpo sobre el mio y tus labios dulces, tiernos, deseosos atraparon a los mios permitiendome saborearte.
Entonces quise abrir los ojos, quise disfrutar de ver tu cuerpo, tus ojos tu alma y, de repente, no estabas allí, la desesperación me invadió y te busqué en la cama, me levante y grité, grité tu nombre, grité al viento ¿dónde estás, amor?
Me dí cuenta. Te habías ido. La vida nos había separado y no había nada que hacer. Amarnos no fue suficiente y ya no estás, no podré volver a tocar tu cuerpo, besar tus labios, oir tu voz, percibir tu olor, ver tu alma. Ya no queda nada. Te ha llevado con ella y ahora sólo quedan los recuerdos, felices y amargos, pero llenos de vida... la que ya no tienes tú.